domingo 31 de octubre de 2010

MUCHOS TAMBIÉN SE EQUIVOCARON

Hasta el pasado 14 de julio de 2010, muchos pensábamos que los argentinos nos equivocábamos poco y que lo hacíamos en cosas poco trascendentes. Sin embargo, cuando en la madrugada del 15 se oía la voz insultante de un senador de una Provincia del Sur y la respuesta sosegada, serena, cargada de altura moral de una senadora Puntana y, mucho más cuando vimos la huída de algunos otros senadores, sea por ausencia total o por desaparición en el momento cumbre y, más, cuando asistimos al conteo de los votos, advertimos que los argentinos nos equivocamos mucho y, parece que más en cosas trascendentes que hacen al futuro de los nacidos en la Patria y a instituciones fundamentales como la familia. Ya se dan cuenta que me refiero a la aprobación de la reforma del Código Civil en materia de matrimonio y de todas las instituciones jurídicas, que a este vínculo sustancial, -fundante para la sociedad-, se refieren. Me refiero a la legalización, no legitimación, de la unión entre prsonas del mismo sexo, que se pretende equiparar al matrimonio. Hoy voy a tomar una posición menos agresiva que en algunos de mis anteriores comentarios (hechos en este mismo blog) hoy voy a tratar de aportar una cuota de comprensión y de llamado a la concordia, valiéndome del ejemplo de la Sra. Senadora Liliana Negre de Alonso, que fue maltratada, insultada, rebajada y se mantuvo con una actitud de dignidad sólo posible de encontrar entre las mujeres santas y entre las mujeres que son líderes de verdad y no de pacotilla. Ella en momento alguno devolvió insulto por insulto, ni vituperio por vituperio, ni se abajó al nivel del o de los insultantes, ni siquiera tuvo un reproche para los que abandonaron la partida dejándola como única espada valerosa (junto a sus pares que votaron en su mismo sentido, entre las cuales figuran otras mujeres de conducta encomiable) defendiendo una institución de un porte tan noble, importante y trascendente como es la familia. Será que ha llegado el momento de que los argentinos aprendamos a disentir sin lastimarnos personalmente; será que podemos aceptar que otros nos maltraten sin maltratar nosotros; será que podemos aprender a ser insultados sin insultar?. Creo que sí, que ese momento va llegando para que, algún día, quiera Dios que no demasiado lejano, podamos entre todos construir la Patria Grande como la que pensaron nuestros prohombres . No se habían acallado los ecos de tan dramatico fracaso del sistema democrático reinante (todos sabemos que en un plebiscito hubiera sido abrumadora la mayoría por el respeto al matrimonio tal como estaba en el Código Civil), cuando algunos artífices de muchos males contemporáneos se vestían las camperas de cuero negras para honrar la memoria de Eva Perón, que fue y es (en la memoria de muchos de nosotros) la Abanderada de los Humildees. Para honrar a Evita no hacen falta camperas de ningún color en particular, eso es una postura cirsence que estaba muy lejos de lo que ella hubiera deseado. Para honrar a esa gran mujer argentina, como para honrar a otras grandes que la precedieron y sucedieron en la Patria y en el Mundo, hace falta tener las manos libres de bienes ajenos y el corazón limpio de odios y resentimientos. He unido esos dos hechos de nuestra historia reciente, porque ambos acapararon la atención de los masmedia y, porque a muchos de nosotros nos han tocado en lo profundo del corazón. Ambos momentos pueden ser un llamado a la nueva cordura argentina, no a la componenda, sino a la tolerancia en el disenso y a la imitación de actitudes de grandeza como las de la Senadora Puntana y la de otro gran vituperado, el Cardenal Jorge Bergoglio, quién no hizo sino hacer escuchar su voz de pastor para todos los que tuvieran oídos bien dispuestos. Así me lo parece a mí. Dra. Nereida Brumat Decker abogada-rosarina nereida@fibertel.com.ar . Así me lo parece a mí. Dra. Nereida Brumat Decker abogada-rosarina

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